Hablemos entre pecadores.
Hoy le escribo querido lector de pecador a pecador. De un hombre irracional a otro lector irracional.
Porque no soy poseedor de ninguna verdad ni usted tampoco está libre de mentiras.
Políticos, periodistas, lectores, burócratas, todos, absolutamente todos somos unos hipócritas. La doble moral abunda en las letras más honestas y en el análisis más sincero.
En un mundo donde el clicktivismo prolifera y los activistas de sofá sobran, lo único que queda es aferrarnos a nuestras convicciones; buenas, malas, pantanosas, esquizofrénicas, bipolares, da igual, es mejor aferrarse a una identidad vapuleada por la vida, que a una vida de doble moral que periódicamente busca un nuevo dueño.
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Querido lector, le pido, le suplico que se mantenga firme ante el vaivén de la información. Nada es real, nada es cierto, todo es una puesta en escena donde por muchos años nos han dicho que los malos usan traje y los buenos visten de jeans.
Como le digo, nada es real, la corrupción de un político es proporcional a la honestidad de un periodista. Fuimos hechos del mismo árbol, pero tallados por distintos carpinteros.
Dejemos esta dualidad a un lado, tiremos los monosílabos por la borda, abramos el espectro de la razón, porque como decía Schopenhauer, “al final no importa quién tenga la razón, sino la victoria”
El remate.
Asumamos nuestros errores sin remordimiento, total, ni la manzana mordimos y todos somos pecadores.
