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Robo de Neumáticos: La Triste Normalidad Poblana

¡Qué tiempos aquellos en los que uno estacionaba su coche con la ingenua esperanza de encontrarlo completo! Hoy, en esta vibrante metrópolis poblana, parece que el robo de neumáticos se ha convertido en el deporte nacional, a juzgar por la alarmante frecuencia con la que los vehículos son despojados de sus ruedas. La seguridad es un concepto tan etéreo como las promesas de campaña, y las autoridades, bueno, ellas deben estar muy ocupadas haciendo… ¿cosas?

El colmo de la audacia llegó a la mismísima Plaza San Diego. Sí, esa plaza comercial que debería ofrecer un mínimo de tranquilidad. Ahí, con la desfachatez que solo la impunidad puede brindar, unos ingeniosos amantes de lo ajeno se llevaron nada menos que ocho neumáticos de dos automóviles. Y para que no les pesara el trabajo, ¡usaron tabiques! Una muestra de ingenio y un recordatorio de que, aquí, el ladrón siempre va un paso adelante.

Pero no creas que la “creatividad” delictiva se limita a los centros comerciales. En el idílico fraccionamiento San José Vista Hermosa, la vida transcurría con normalidad hasta que un incauto ciudadano cometió el error de ir al baño en casa de un amigo. ¡Diez minutos! Eso fue todo lo que necesitaron los ágiles amantes de los neumáticos para dejarle su coche en un estado… digamos, “aerodinámico”. Se ve que la urgencia fisiológica de uno es la oportunidad dorada de otro.

Y como si no fuera suficiente, la madrugada en la avenida 43 Oriente y Privada de la 14 Sur vio a una camioneta amanecer coja, despojada de tres de sus ruedas. Parece que la noche poblana tiene su propia versión de los Reyes Magos, pero en lugar de regalos, dejan bloques y vacíos. La sincronización de estos eventos, en distintos puntos, es casi poética, sugiriendo que, quizás, tengamos a los Avengers del crimen automotriz en nuestra ciudad.

Mientras tanto, la Policía Municipal mantienen un silencio sepulcral, tan ensordecedor como la falta de llantas en los coches afectados. La relación entre estos robos es, según ellos, una incógnita, aunque para cualquier mortal con dos dedos de frente (y sus cuatro neumáticos puestos), la conexión es tan obvia como la falta de acción. Los vecinos, claro, expresan su “sorpresa” y “descontento”, como si no llevaran años pidiendo lo mismo. La sensación de inseguridad no aumenta, simplemente se consolida como parte del paisaje. Si esto no es progreso, ¿qué lo es?

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